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Richard Wagner y su Parsifal (V)
Publicaciones Orden del Temple - Arte Iniciático
Escrito por María de Aquitania   
Sábado, 11 de Junio de 2011 00:00

Acto Tercero

Los dominios del Grial. Un paisaje primaveral con el fondo lleno de colinas en flor. Un manantial donde empieza el bosque. Una cabaña levantada contra una roca.

Es primavera. Gurnemanz ya está viejo y vive como ermitaño. De pronto, escucha un lamento, como de un animal. Se trata de Kundry, que ha vuelto. La encuentra rígida. Gurnemanz la despierta y la consuela, ella sólo quiere servir como antes. Pero los parajes del Grial no son lo que eran. ¡Ya casi no hay mensajes para llevar!. Ahora, alguien se acerca. Aparece una figura de armadura negra y con una maravillosa lanza en su mano. La misteriosa aparición, clava la lanza en la tierra y se arrodilla.

Entonces Gurnemanz le reconoce: Es el muchacho que había herido al cisne y que él echó del castillo del Grial. ¡Y trae la lanza de regreso!.

Su camino fue difícil por la maldición que le infringiera Kuldry, pero al fin ha llegado. Gurnemanz le cuenta que Amfortas está mucho peor, a cada momento desea morir y niega mostrar el Grial. Todos los caballeros, entonces, están privados de la milagrosa copa. Además, Titurel por ello, ha muerto. Parsifal está a punto de caerse exhausto, física y mentalmente. Kundry ha ido a buscar agua del manantial y Gurnemanz debe derramar agua pura en la cabeza del joven y Kundry ha untadolos pies de Parsifal con un bálsamo, secándoselos con sus cabellos.

Parsifal dice que él sucederá a Amfortas, tras lo cual, como en el Primer Acto, bautiza a Kundry. Con la cabeza inclinada hacia delante, Kundry llora y ambos contemplan arrobados la bellísima escena de la mañana del Viernes Santo. Las campanas, que repican a lo lejos, acompañan la presentación que Gurnemanz va a hacer de Parsifal como guardián del Grial. Los tres se dirigirán a Muntsalvach, donde Amfortas prepara el funeral de su padre.

En el castillo, en el gran salón del Grial, aparecen dos procesiones, una con Amfortas y el Grial, la otra, con el féretro de Titurel. Amfortas se lamenta y se maldice, pidiendo que le dejen morir. Fue él quien causó la muerte de su padre. Los presentes, ruegan una vez más que muestre el Grial, pero Amfortas, dolorido, sigue negándose a ello. Se desgarra las ropas y muestra la herida que sangra, incurable. En ese momento dramático, entra Parsifal. Sostiene la Santa Lanza que tiene el poder de curar la herida que ella misma ha provocado. La coloca sobre la herida de Amfortas y éste queda curado instantáneamente.

Amfortas ha sido absuelto, dice Parsifal, y él es ahora el guardián del Grial. Todos miran extasiados a la Lanza y el flamante rey ordena que sea descubierto el Grial. Éste, se presentará con ua intensísima luminosidad. Se escuchan voces desde lo alto y mientras Parsifal bendice a los asistentes con el Grial, una paloma blanca llega y se posa sobre su cabeza. Todos se arrodillan ante él y Kundry, desaparecida la maldición que la aquejaba, cae muerta a los pies del rey Parsifal.

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