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La esencia del teatro (I)
Publicaciones Orden del Temple - Arte Iniciático
Escrito por María de Aquitania   
Miércoles, 16 de Febrero de 2011 00:00

Autor: M.C.R.

Presenta indudables dificultades la determinación de la esencia estricta de la sustancia teatral. Porque la esencia, tal como aquí nos interesa, del Teatro ha de venir expresada en alguna propiedad, en alguna nota o grupo de notas que sean necesarias, pero también específicas, del mismo y con virtud suficiente para congregar a todas las demás, estructuradamente, con un sentido. Mas como quiera que el Teatro es una realidad muy compleja, es todo un mundo artificialmente creado por el hombre para contemplarse a sí mismo, en arrebato más o menos narcisista, las dificultades para entresacar una de estas partes, y conferirle la dignidad de «Primer analogado» del universo teatral, habrán de ser considerables.

Ante todo, en el Teatro hay Actores que gesticulan y se mueven según regla; por otra parte, profieren ruidos, en forma de diálogos o monólogos, de los que suele ser responsable el autor dramático, que resulta así, al parecer, el Deus ex machina indiscutible de la farsa toda. Él es también quien concibe los movimientos, quien traza las relaciones que han de tejer los comediantes: Sin él, toda la sustancia del Teatro, que es ficción, quedaría resuelta en la nada. [112] El Teatro sería no otra cosa sino un modo de expresión de la ideología que el individuo –el Autor– ofrece a la Sociedad: Un modo de expresión de que dispone el escritor, con una trascendencia, en lo esencial, análogo al del libro o la cátedra.

Llamaré a esta teoría sobre el Teatro «Teoría Literaria». Para ella, en rigurosa pureza, la misión de los Actores y de la escenografía sería la de transmitirnos cómoda e intuitivamente las ideas del Autor, a cuyo servicio deberían siempre ser aquéllas consideradas. En esta teoría, la importancia del Teatro se acentúa sobre el «texto»; el arte dramático es sencillamente un género literario. Actores y Escenario significan, para el Teatro, lo mismo que las figuras gráficas para la Ciencia: Auxiliares de la expresión.

Es justo reconocer que semejante modo de pensar es grato a los Profesores de Literatura y, desde luego, a los propios autores dramáticos, especialmente los comediógrafos de la decadencia griega y los grandes trágicos franceses, cuyas obras más bien se leían que se re-presentaban. El llamado «Teatro experimental» de nuestros días, en el que los Actores, como en un Ensayo, aparecen en escena leyendo sus papeles respectivos, sugiere esta interpretación de la esencia del Teatro. Podríamos apoyarnos también en el «Teatro radiofónico». Sin embargo, no creo que sea legítimo considerar al texto –o, lo que es lo mismo, al Autor– como elemento esencial del Teatro. Podrá, eso sí, sostenerse que la dignidad espiritual del contenido ideológico del Teatro es mayor que la de cualquier otro de los elementos de que éste consta: pero esta valoración no puede confundirse en ningún caso con una definición.

Sería tan disparatado como decir que lo esencial en el hombre es el espíritu, puesto que es el componente más noble de que consta. En el caso del Teatro, también el contenido ideológico en sí mismo, no es, en cuanto previamente escrito por el Autor dramático, ni siquiera necesario, puesto que [113] puede faltar, como en la Commedia dell'Arte. Pero en todo caso, este contenido ideológico, en sí mismo, no es específico del Teatro: él lo comparte con la novela, la lírica, etc. (cuya expresión normal es el libro). En consecuencia, en ningún caso puede ser considerado el «texto», el Autor, como la pieza esencial del milagro teatral, si nos seguimos ateniendo a la noción de esencia antes adoptada.

Esto no es incompatible, como se comprende de suyo, con que, para el escritor dramático, el Teatro sea tan sólo un medio de expresión personal; el Autor es libre de concebir desde este parcial y aun accidental punto de vista el Teatro; pero ello no significa que el Teatro, en sí mismo, consista en lo que el Autor pretende. Para el empresario, el fin del Teatro es el lucro; pero no puede decirse que el lucro sea la única función social del Teatro, ni la más importante. En cuanto a la interpretación de las dos realidades límites, respecto a la significación del texto en el Teatro, a saber, la Commedia dell'Arte y el Teatro experimental, me limito a observar que en la Commedia dell'Arte, es muy rebuscado concebirla como un caso particular de la «teoría literaria» general, a saber, cuando el Autor es el mismo Actor; y es rebuscada esta explicación porque aquí la coincidencia no es accidental –«material»–, es decir, que una misma persona puede, a la vez, como Esquilo o Molière, ser actor y autor, sino esencial –formal, es decir, que aquí el Actor es Autor en cuanto Actor–, por lo cual no cabe mantener esa distinción sin un gran esfuerzo. En cuanto al Teatro experimental, se trata simplemente de un caso límite, que quizá conserve muy poca substancia teatral, obediente a un instinto antiteatral; pero sin embargo, en cuanto es Teatro, mantiene los atributos esenciales, que serán algo distinto del puro texto que el público pudiera asimilar por simple lectura.

(continuará)

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