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Redescubriendo Mi Fe
Publicaciones Orden de Sion - Reflexiones Espirituales
Escrito por María de Aquitania   
Lunes, 10 de Septiembre de 2012 00:00

 

Autor: Hno. J.T.+

 

 

Esta historia que les voy a contar me hace reflexionar y darme cuenta que la Fé interior que tengo, es tan fuerte, pero a veces está dormida o oculta.

 

Hace 4 años atrás, un amigo y yo viajamos al interior del país, cruzando la Sierra y llegando al otro lado de las montañas.  Después de 12 horas de viaje por carretera, llegamos al pueblo de Limbani y Phara, lugar donde terminó el viaje por carretera, para continuar luego 2 días a pié, cargando herramientas y equipaje (víveres y vestimenta).  Llegamos a un pueblito oculto entre montañas y quebradas muy profundas, donde se veía mucha vegetación, un cielo azul a ratos y en otros momentos, nublado y con lluvias tan fuertes, que en menos de 2 minutos nos encontrábamos totalmente mojados.  Por el camino iba meditando y pidiendo a Dios su protección y que todo lo planificado salga bien.  En momentos conversaba con mi amigo, quien me contaba algunas vivencias que había pasado anteriormente en toda esta zona y que había perdido por completo la fé, por lo cual cada vez que hablábamos de Dios, el me respondía : “Que tu Dios te ayude”, diciéndole “Es nuestro Dios”.  Acampamos en este pueblito para ir al día siguiente al lugar donde íbamos a trabajar, preguntando a los habitantes del lugar, nos indicaron que nos faltaba unas tres o cuatro horas hacia el oriente.  Ese tramo lo caminamos en la madrugada por la profundidad de la montaña donde discurría un río, el cual tuvimos que cruzarlo muchas veces, encontrando un campamento vacío en el cual descansamos.  Después de unas horas, continuamos viaje llegando por fin al campamento en el cual íbamos para trabajar.

 

En momentos me ponía a pensar lo lejos que me encontraba de mi lugar de residencia.

 

Después del primer día de trabajo le dijimos al dueño que teníamos que ir a traer parte de nuestro equipaje, que habíamos dejado en el campamento vacío, quien nos dio un par de latas de conserva.  Llegamos a dicho campamento al empezar la noche, momento en el cual preparamos nuestros alimentos en una fogata.  Al día siguiente muy temprano recogimos nuestros equipajes y partimos.  El clima de esa zona, como son la humedad, el sol tan fuerte en el día y las lluvias, hacía que los alimentos se descompongan muy rápidamente.  Mi amigo comió de los alimentos que quedaron de la noche anterior.

 

Al segundo día de trabajo, comenzó hacer fiebre y de vez en cuando tenía escalofríos, por lo que se quedó en cama.  El horario de trabajo era por turnos, durante las 24 horas.

 

En los descansos que tenía iba a verlo, encontrándolo cada vez peor de salud.  En uno de mis descansos del tercer día por la noche lo encontré muy grave, estaba ya delirando, con una alta temperatura y escalofríos, entonces en ese momento hice una reflexión y pedí a Dios que me ayude porque estábamos en un lugar tan lejano que la primera posta médica estaba a 2 días de camino a pié.  En ese momento le hice una imposición de manos pidiendo a Dios con mucha Fé, su Luz sanadora para que se pueda recuperar y al mismo tiempo orando y pidiendo para que pudiéramos retornar, ya que ambos tenemos familia y en caso le pasara algo que podía hacer con él para sacarlo de ese lugar.  Fue tanta la Fé, que en ese momento sentí que se iba a recuperar, por lo que después de esto continué con mi turno de trabajo que terminaba a las 6 de la mañana.

 

Al terminar el turno, regresé al campamento y para mi sorpresa lo encontré totalmente recuperado, leyendo un libro, como si todo el tiempo hubiese estado bien de salud.  Me dió una alegría tan grande e indescriptible que en ese momento le conté como estuvo durante la noche anterior y me dijo: “Dile a tu Dios que muchas gracias”.

 

Con esta vivencia redescubro mi Fé interior, la cual nos demuestra que es verdad el refrán que dice :  “La Fé mueve montañas”.

 

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